Los hombres se angustian por el tamaño y las mujeres prefieren el grosor

El mito sobre el tamaño no ha desaparecido, al contrario, sigue más vigente que nunca. De hecho, muchos viven con angustia su sexualidad por considerar pequeño el suyo.

Hombre con problemas de sexo 
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Los cánones de belleza estandarizados por el mercado y la cultura no solo afectan a las mujeres. La autoestima de los varones también se ve perjudicada en este sentido y, concretamente, en lo referido al pene. Y es que, a pesar de no existir una media concreta para indicar la relación entre tamaño y placer, existen muchos prejuicios al respecto. Además, las preocupaciones de los hombres no solo se centran en los centímetros en estado de erección, sino también en otros aspectos como la rectitud del pene o la apariencia de los testículos.

El problema suele surgir a la hora de acudir a un encuentro sexual. Algunos hombres tienen miedo de fracasar por el tamaño de su pene y acaban depositando en este toda la responsabilidad del éxito o fracaso de la relación erótica. Esta presión puede incluso desencadenar en problemas de disfunción eréctil o en una insatisfacción con el tiempo de eyaculación.

¿Y ellas qué opinan?

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Un gran porcentaje de mujeres de parejas heterosexuales aseguran que el tamaño del pene no es lo importante, sino más bien el grosor del mismo. También afirman que la penetración vaginal por sí sola no les hace alcanzar un orgasmo. Para ello necesitan la estimulación del clítoris. Por lo que quizás, si se dejara de responsabilizar al pene del orgasmo femenino, el tamaño del mismo podría dejar de resultar tan importante para muchos hombres.

Mensaje equivocado

La pornografía 'mainstream' es uno de los muchos medios que transmiten una idea equivocada sobre la relación entre el tamaño y la satisfacción sexual. La gran mayoría de actores del sector poseen penes de gran tamaño que, para nada, se corresponden con la media poblacional. Esto, unido a la falta de educación sexual integral de calidad, produce que la población masculina adolescente sea la más vulnerable a la hora de aceptar el tamaño de sus genitales.

Los anuncios a modo de 'spam' sobre operaciones y artilugios para el alargamiento de pene tampoco ayudan en este sentido, así como los chistes rancios sobre la longitud del llamado ‘paquete'.

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Tampoco podemos olvidar al grupo de hombres que, a pesar de tener un tamaño muy por encima de la media, no están conformes con su pene. La realidad es que muchos se enfrentan al mismo problema a la hora de encontrar el tipo de preservativo que usar o en el momento de practicar el coito. En ningún caso, la medida del pene influye fisiológicamente en el disfrute erótico.

Zonas erógenas

Es posible que, si se contemplaran zonas erógenas más allá de los genitales, el pene dejara de ser el centro de atención y, de este modo, la fijación con el mismo podría acabar con la ansiedad y angustia que produce a tantos varones.


Sabías qué…

Poco después de la Guerra Civil española, el franquismo persiguió la homosexualidad aplicando la denominada 'Ley de vagos y maleantes'.

Las actitudes que socialmente se consideraban poco masculinas (para los hombres) o poco femeninas (para las mujeres) también eran castigadas con penas de aislamiento, trabajos forzados y reclutamiento psiquiátrico. La legislación fue endureciéndose a partir de la consideración de escándalo público que recogía el artículo 431 del Código Penal. La Iglesia, el Gobierno y la comunidad médica aunaron fuerzas para patologizar la homosexualidad, tanto masculina como femenina. En 1970, la 'Ley de vagos y maleante's pasó a convertirse en la 'Ley de peligrosidad y rehabilitación social’, que condenaba la práctica homosexual sin incluir las actitudes consideradas sospechosamente homosexuales. Esta Ley, sometida a diversas modificaciones, se mantuvo vigente en nuestro país hasta veinte años después de la muerte del dictador.

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