Las prácticas que obsesionan a los hombres por culpa del porno

El consumo de este tipo de género no puede sustituir nunca a una buena educación sexual

Hombre y mujer viendo porno en un ordenador
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La educación sexual en España ha sido y es una asignatura pendiente. Muchas veces, esta educación tampoco logra solventarse desde el ámbito familiar, ya sea por vergüenza, por 'pasotismo' o por la información de la que los propios familiares carecen y es que, en nuestro país, apenas se habla de sexo. O, al menos, no se habla con propiedad. Es por esto que una gran parte de la población aprende a relacionarse sexualmente a través de la pornografía. Más del 70% de las personas que consumen porno online son hombres. Así lo indica la última encuesta de Pornhub, una de las webs más populares de vídeos sexuales en Internet, que sitúa a nuestro país en la decimotercera posición de consumo a nivel mundial.

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Confundir realidad y ficción

Uno de los problemas que conlleva el visionado de contenido erótico cuando no existen unos conocimientos básicos al respecto es que, por sorprendente que parezca, termine confundiéndose la realidad con la ficción. Y es que muchas de las personas que consumen porno pretenden llevar a la práctica todo lo que ven. A simple vista esto no tiene que ser un problema, pero el conflicto aparece cuando sólo uno de los miembros de la pareja está interesado en ello.

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Muchos de los comportamientos sexuales por parte de hombres heterosexuales son pura imitación. La cuestión es que su base de aprendizaje (es decir, la pornografía) está cargada de estereotipos y violencia. Algunos de estos comportamientos eróticos llegan a convertirse en una obsesión. Un claro ejemplo es la pornografía 'mainstream' que muestra relaciones en las que la mujer es azotada en diversas zonas corporales como nalgas, pechos o, incluso en la vulva. Si un hombre interioriza dicha práctica como algo cotidiano, probablemente acabe incluyéndolo dentro de su rutina sexual, sin consensuarlo con su pareja. La práctica en cuestión puede resultar placentera siempre y cuando se realice de mutuo acuerdo. Pero si una de las dos partes no está por la labor, puede llegar a ser dolorosa y resultar vejatoria.

Otra de las pautas frecuentes aprendidas a través del porno es la de agarrar a la mujer por el cuello o tirar de su cabello con cierta fuerza. Práctica de la que comienzan a quejarse numerosas mujeres.

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Un serio problema

Lo mismo sucede con las relaciones sexuales que incluyen la estimulación anal. El citado estudio del portal porno Pornhub posiciona el sexo anal como una de las prácticas más buscadas en España. Dados dichos datos, no es de extrañar que cada vez sean más los hombres obsesionados con acariciar, lamer, penetrar o introducir dedos en esta zona del cuerpo femenino.

Son demasiados los videos pornográficos en los que aparecen mujeres disfrutando de prácticas violentas y humillantes. Si los usuarios que consumen dichos videos no disponen de las herramientas necesarias para discernir entre la realidad y lo que muestra un video guionizado, además de convertirse en una obsesión, podría acabar resultando ser un serio problema. El consumo de pornografía es totalmente lícito. Pero sería interesante responsabilizarse de dicho consumo y asumirlo como una ficción.

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