El estrecho vínculo entre el vino y el placer sexual

Desinhibe y tiene propiedades vasodilatadoras que favorecen el riego sanguíneo de tal manera que potencia las sensaciones en las zonas erógenas.

Podríamos hablar de cientos de referencias que aúnan el erotismo con el caldo fermentado de uva. La sutileza del contacto con el paladar despierta el deseo de quien lo imagina corriendo por las comisuras de los labios. Y es que el vino tiene un simbolismo ineludible con la sensualidad y el placer: con la mitología griega referenciando a Dioniso -dios del vino-, comienza a surgir toda una iconografía que alcanza el éxtasis a través de este líquido etílico. Las bacanales romanas en honor a este dios (al que pasaron a llamar Baco) son un buen ejemplo. En estas orgías, sobre todo dirigidas a hombres, el vino conformaba un perfecto trío erótico entre dos amantes.

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Maridaje perfecto

De las bacanales a las tabernas, el vino se ha ido convirtiendo en una bebida que, según los expertos, consume alrededor del 60% de la población española. Es un producto que desinhibe y puede resultar un exquisito acompañante del sexo, consumido en su justa medida.

Además, posee propiedades vasodilatadoras que favorecen el riego sanguíneo de tal manera que potencia las sensaciones en las zonas erógenas, como los genitales. Quizás sea este el motivo de que la mezcla entre el vino y la sexualidad suponga un éxito asegurado

Un claro ejemplo son las catas eróticas que llevan a cabo la coach sexual Lara Amezaga (más conocida como Jolie Courge, en redes sociales) y la gourmet de vino María García. Ambas combinan el maridaje entre vinos y juguetería erótica. "Podemos maridar un txakoli, por ejemplo, con aceite de masaje con sabor a pera, o con un pequeño estimulador, o un juego de cartas", explica Amezaga.

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Y es que, si estamos pensando en introducir el vino en un encuentro sexual, no vale cualquiera. Como dice García, el caldo perfecto "es aquel con el que nos sintamos más cómodos, que nos guste y que nos regale placer, tanto al probarlo como al recordarlo. Hay muchos vinos buenos, pero el mejor es el que tenemos en nuestro recuerdo".

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Podemos imaginar la conexión a través de los cinco sentidos, que comienza con la elección del vino y del amante. Así lo manifiesta Amezaga: "Es todo un ritual, como un encuentro sexual en el que nos dejamos embriagar por sabores, aromas, texturas… Sensualidad en estado puro...".

Las fases de la cata

"Para disfrutar de un vino al máximo hay que, como en la sexualidad, disfrutar de cada fase: la visual, donde su brillo y tonalidades nos dirán si nos parece apetecible o no; la olfativa, fundamental para que nuestros sentidos quieran pasar a la siguiente fase o no; y la gustativa, cuando, al probarlo y sacar todos sus matices, querremos más o no", prosigue María García.

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Descorchar y desnudar

El simple gesto de descorchar una botella puede asemejarse a la erótica de desnudar a la pareja. Del mismo modo que, con el primer trago, el cuerpo responde con la activación de las papilas gustativas. Al igual que lo hace con el primer contacto corporal en un encuentro a través del tacto.

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