La educación sexual como alternativa al consumo de pornografía en redes

No hay que permitir que crean que las relaciones son lo que ven en Internet

La pornografía no es sólo un encuentro sexual explícito tras una pantalla, sino que posee un discurso muy poderoso de fácil y rápida transmisión. Es una forma particular de ver y vivir la sexualidad. Pero resulta que esta visión es muy generalista, poco realista y, en muchas ocasiones, violenta (sobre todo hacia las mujeres). Teniendo en cuenta que los menores de edad suelen disponer de su primer teléfono móvil con la Primera Comunión y que, según el INE, en 2017 el 89% de los menores de 10 años utilizaban habitualmente Internet, se debe tener en cuenta que entre los 9 y los 10 años podrían acceder a contenidos sexuales.

12-year-old boy forbidden to look at an internet site. Paris, France.
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Educar para prevenir riesgos

En la mayor parte de los casos, ese consumo se convierte en el único medio de asimilación y aprendizaje en torno a la sexualidad de los menores, lo que más tarde se reflejará en sus conductas, comportamientos y prácticas eróticas. De esta manera, muchos de esos menores podrían reproducir relaciones sexuales violentas, desiguales, no deseadas, sin consentimiento, de riesgo y genitalizadas.

Una posible solución es dar un ‘sí, quiero’ en toda regla a la educación sexual como alternativa para discernir entre realidad y ficción. De esta manera, la población joven podría disponer de las herramientas suficientes para vivir la sexualidad de manera saludable, responsable y positiva, a través de cuatro objetivos fundamentales:

Niña frente a pizarra
Agencias

1. Los menores tienen que aprender a conocerse como personas sexuadas únicas, dentro de la diversidad existente. Dado que la pornografía muestra modelos muy rígidos sobre cómo ha de ser un verdadero hombre y una verdadera mujer, ha de legitimarse la existencia de diferentes maneras de sentirse hombre y de sentirse mujer.

2. También han de aprender a aceptarse a sí mismos y a los demás, así como los cuerpos, las identidades y las orientaciones sexuales. La pornografía impone un ideal de belleza poco diverso, así como referencias homosexuales irreales. Por no hablar de la homogeneización del tamaño de los genitales. Se trata de que estos estándares no interfieran en la aceptación y sexualidad del menor.

Adolescente frente a ordenador con anuncio sexual
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3. El tercer objetivo es el de expresar la erótica satisfactoriamente a través de prácticas responsables, consensuadas y deseadas. Mientras que la pornografía basa su contenido en prácticas genitales, la educación sexual trata de ampliar el mapa erótico más allá del coito, los genitales y el orgasmo, legitimando como placenteras prácticas como las caricias o los besos.

4. Por último, sería necesario establecer relaciones sanas e igualitarias. Esto significa validar un ‘no’ en cualquier momento durante una relación sexual; mantener encuentros no sólo de manera consensuada, sino también deseada; así como compartir la responsabilidad del placer y de las posibles consecuencias.

La pornografía está cargada de tabúes, etiquetas y patrones que pueden conducir a que los jóvenes vivan su sexualidad con dificultades y angustias. Por su parte, la educación sexual permite anticiparse, evitar situaciones desagradables y trabajar desde un modelo en positivo, cultivando las posibilidades que la erótica ofrece.

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