Ruido, el enemigo silencioso

La contaminación acústica es uno de los grandes enemigos de los habitantes de los países desarrollados, un problema medioambiental alimentado por los transportes, las industrias, o las actividades lúdicas que realizamos, como ir a una discoteca con la música alta. Esta contaminación acústica tiene repercusión directa en nuestra salud sin que nos demos cuenta. Además de algunos daños que notaremos fácilmente, como pérdida de oído, hay otros efectos negativos imperceptibles y dañinos a largo plazo, como alteración en los ciclos del sueño, disminución del rendimiento, o estrés.

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Baja el volumen

El ruido se mide en decibelios (dB), y según la OMS (Organización Mundial de la Salud), 50 dB es el límite máximo al que deberíamos estar expuestos, aunque a diario soportamos sonidos como el de un camión (75 dB), o un aparentemente inofensivo aspirador (65 dB), que pueden ocasionarnos un trauma acústico crónico. Aunque podamos pensar lo contrario, el sonido de un motor puede ocasionar tantos problemas en nuestro cuerpo, como el de escuchar nuestra canción preferida a todo volumen. No lo dudes, el silencio beneficia tu salud.

 

 

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En casa, shhh...

Es complicado eliminar los sonidos molestos de nuestra ciudad, sin embargo en casa, se pueden tomar las medidas necesarias para mejorar este problema. Un buen aislamiento con materiales que absorban el ruido, además de reducir el volumen de la TV, equipos de música, o echar mano de los tapones al encender electrodomésticos ruidosos, nos ayudará a mejorar nuestra salud.

 

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El sueño, siempre en silencio

Un sonido molesto no sólo es capaz de interrumpir nuestro sueño, sino que además puede hacer que no lo conciliemos. Dormir bien es un proceso necesario para que nuestro cuerpo funcione correctamente y se recupere tanto física como psíquicamente. El ruido puede hacer que nuestro sueño se interrumpa bruscamente, llegando a aumentar la presión arterial o la frecuencia cardíaca. A largo plazo el insomnio deja secuelas psicológicas como depresión, ansiedad, o falta de concentración.

 

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Graves consecuencias

La pérdida de audición y los acúfenos, son dos de los problemas más comunes tras una exposición al ruido durante un período de tiempo prolongado. Soportar al día a más de 85 dB, puede hacer que elevemos nuestro umbral auditivo, un síntoma claro de la sordera. La mayoría de nosotros hemos sufrido episodios de acúfenos o tinnitus. Estos acúfenos consisten en una sensación de taponamiento de los oídos, y en escuchar un pitido que no proviene del exterior y que se acentúa cuando estamos en silencio. Cualquier trauma acústico puede hacerse permanente, salvo que disfrutemos de períodos de descanso lejos de fuentes de ruido.

 

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Los más pequeños también lo sufren

Someter a un niño a sonidos fuertes puede comprometer su desarrollo. La exposición a ruido constante puede causar problemas, no sólo de carácter auditivo, también en la percepción del habla y en la comprensión lectora. Incluso puede provocar déficit de atención, deteriorando así el rendimiento escolar del menor a largo plazo.

 

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