Que las grasas no te saturen

El colesterol es una sustancia presente en todas las células del cuerpo y necesaria para completar numerosas funciones del organismo, como producir vitamina D tras la exposición solar, producir hormonas sexuales o generar ácido biliar, pero unos niveles altos pueden ser fatales.

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Tipos de colesterol

Una parte del colesterol tiene procedencia endógena, es decir, que se origina dentro del organismo, pero el resto proviene de los alimentos, por lo que debemos estar muy pendientes de lo que comemos. Existen dos tipos de colesterol: HDL (lipoproteína de alta densidad) o colesterol bueno, y LDL (lipoproteína de baja densidad), el malo, que contribuye a la formación de placas en las arterias.

 

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La receta para la salud

Para controlar los niveles de LDL debemos evitar alimentos ricos en grasas saturadas, mantener un peso correcto y hacer ejercicio.

 

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Cuanto antes, mejor

Se recomienda controlar los niveles de colesterol de los más ‘peques’ a partir de los dos años, en caso de tener antecedentes familiares de colesterol alto o algún tipo de cardiopatía en edades tempranas. También cuando el niño sufre un exceso de peso o cuando tienen otros factores de riesgo como la diabetes o la presión arterial alta.

 

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Controla la dieta

Para mantener los niveles de colesterol correctos, debes controlar ante todo tu dieta. Elige alimentos ricos en fibra, además de cereales que te ayuden a expulsar la grasa del organismo. Reduce los alimentos grasos, aumenta el consumo de pescado y reduce el de carne. La bollería y los platos preparados deben ser alimentos prohibidos en tu dieta diaria.

 

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Mantén los niveles a raya

Cuando tenemos el colesterol alto, nuestro cuerpo no muestra ningún tipo de síntoma y sólo podremos saber nuestros niveles mediante un análisis de sangre. Aunque patologías anteriores, la edad, o el estado de salud influyen a la hora de establecer unos niveles óptimos de colesterol, se habla de colesterol alto a partir de los 200-240 mg/dl.

 

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Cambio radical

El riesgo de accidente cardiovascular se reduce notablemente cuando cambiamos nuestros hábitos, sobre todo si llevamos
a cabo un cambio de dieta y comenzamos
a realizar ejercicio asiduamente. Una
dieta sana no sólo sirve como prevención, también como tratamiento.

 

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