Un embarazo precoz

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adolescencia va desde los 10 a los 19 años. En este periodo un embarazo es considerado de alto riesgo para la madre y para el bebé. Las complicaciones de un embarazo temprano no son sólo físicas, también pueden surgir problemas psicológicos, ya que tener un hijo obliga a la menor a afrontar un rol que no corresponde a su edad y además puede haber rechazo social.

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Jóvenes y embarazadas

Cerca de 16 millones de chicas dan a luz entre los 15 y los 19 años, de las cuáles, un 5% corresponden a países desarrollados. Aunque la educación sexual ha hecho que el número de embarazadas jóvenes se reduzca en los últimos años, el hecho de que las adolescentes comiencen su vida sexual cada vez a una edad más temprana complica la situación.

 

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Lo primero, al médico

Algunas jóvenes no acuden al médico por no saber qué hacer, o porque sus padres no se enteren. Aunque se encuentre bien y no tenga ninguna molestia, es importantísimo que acuda al médico los primeros meses de embarazo, ya que es en el primer trimestre cuando se detectan la mayoría de problemas y pueden empezar a tratarse.

 

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Riesgos de la edad

Con menos de 17 años, los riesgos se incrementan notablemente debido a que el desarrollo sexual y físico de la madre no se ha completado. Entre las complicaciones más comunes, están los partos prematuros, hipertensión, preeclampsia asociada a la hipertensión, bebés de bajo peso, malformaciones y complicaciones al momento del parto.

 

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Mucho dinero

Una de las grandes preocupaciones de los padres jóvenes es la económica. El coste aproximado de un bebé en el primer mes de vida va de los 1.900 a los 2.500 euros. Esto supone una gran carga que obligaría a los jóvenes a dejar sus estudios y buscar un trabajo en caso de no tener apoyo familiar para afrontar los gastos.

 

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Adiós a los malos hábitos

La vida desordenada del adolescente no es buena en el embarazo. Además de establecer una dieta más equilibrada y sana, es básico que se tengan buenos hábitos de sueño y se continúe con el ejercicio físico. Malos hábitos como el tabaco, el alcohol y las drogas deben desterrarse de inmediato.

 

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Demasiada presión

El estado de ánimo de la joven embarazada es un factor muy importante. En ocasiones la falta de apoyo por parte de la familia o del entorno social, puede hacer que la menor sienta tristeza, ansiedad o incluso depresión. Si se sufren alguno de estos síntomas, es imprescindible contactar con un profesional.

 

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Ayuda psicológica

En la mayoría de los casos de embarazos de adolescentes, éstas requieren atención psicológica no sólo en el periodo de embarazo, sino también después del parto, ya que muchas jóvenes tiene dificultades para establecer un vínculo con su hijo, puesto que es el bebé quien ha ‘coartado’ su libertad.

 

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