Comer sano en la oficina

Si no quieres cargar tu cuerpo de kilos y tus venas de colesterol, deja ya de comprar tu comida en la máquina de la oficina y olvídate un poquito de tanta pizza y hamburguesa: cómprate un tupper y llénalo de comida sana. Hacer realidad en la oficina aquello de ‘como en casa no se come en ningún sitio’ es más fácil de lo que parece y lleva menos tiempo de lo que piensas. Verdura, fruta, proteínas o legumbres son básicos en una dieta y basta con que te organices para que estén en esa tartera que llevas a la oficina.

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Lleva tupper

Si compras cinco variedades de fruta el fin de semana, basta con que las vayas cambiando a lo largo de los cinco días para que te sirvan tanto para picotear (almuerzo y merienda) como postre al mediodía. Así suprimirás tanto dulce...
Igualmente fácil es que la verdura forme parte de tu dieta tupper: compra el fin de semana unas bolsas de ensalada (mira qué fácil, ya sólo tienes que llevarte una y aliñarla en la oficina), corta antes de salir por la mañana un poquito de tomate, pimientos, zanahorias... y mézclalos con esas lentejas que te sobraron el ‘finde’ (ahí tienes un buen plato de legumbre) o un poco de pasta o arroz (ahí van los carbohidratos).
¿La proteína? Si te da pereza ponerte a cocinar el fin de semana y, sobre todo, luego no tienes dónde calentar los platos en la oficina, piensa en reutilizar esas sobras de pollo, mete el pescado en tu dieta gracias a las conservas, recuerda que el redondo de ternera o un pastel de pescado se pueden tomar fríos y que otra opción es el huevo cocido y, sobre todo, el queso. Vamos, que si comes mal en la oficina es porque quieres.

 

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Ojo al calentar

Si eres de las que llevan platos preparados, ten en cuenta que conviene que aumentes la temperatura a la que los calientas y que remuevas para evitar zonas frías en las que puedan sobrevivir bacterias.

 

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Una pausa

Para a la hora de comer: aléjate del escritorio para darte tiempo para masticar bien y que luego no tengas una mala digestión. Y, si puedes, da un paseo (aunque sólo sea una vuelta al edificio) tras comer.

 

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Sándwich, la mejor apuesta

Unas hojas de lechuga (ahí va la verdura), un poco del pollo
(toma proteína) que te sobró ayer, una buena loncha de queso
(ese necesario aporte de calcio) y, claro, pan (el carbohidrato)
y ya tienes un sano y completo menú para llevarte a la oficina.
Sólo tienes que llevarte una pieza de fruta.

 

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