Manuel Sosa, el pescador de hombres

Manuel Sosa ha salvado más de 300 vidas. Le llaman Sandokán por su arrojo. Tenía sólo 15 años cuando se lanzó al mar para rescatar a una niña.

Se desenvuelve en el agua como una anguila, pero no es un pescado. Agallas tampoco le faltan, aunque necesita el aire para vivir. No sabe leer ni escribir pero conoce las corrientes marinas mejor que a sí mismo.

Se llama Manuel Sosa Medina y todo el pueblo de Arucas, en Gran Canaria, le llama Sandokán. Sin oficio conocido, lleva 40 de sus 55 años de existencia dedicado a salvar vidas humanas del mar. Hasta 300 personas le deben no haber sido engullidas por el Atlántico. “Ni lo sé ni me importa. Lo hago porque me sale de dentro, me lo pide el cuerpo. Aún recuerdo la primera vez. Tenía 15 años y había hecho novillos en el cole. Estaba junto a unas rocas en la playa haciendo barquitos con latas de atún. De repente oí gritando a una pequeña que la arrastraba la corriente. Hoy esa pequeña tiene 47 años, se llama Amelia y viene de vez en cuando a pasar el verano a Arucas desde Suiza.”

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Sin miedo a nada
Hijo de agricultores, Sandokán pronto sintió que su pasión era la mar. Tras abandonar los estudios comenzó a construirse una barca con la madera que conseguía de las cajas de vino y coñac. Tres años después empezó a pescar gallos y doradas que luego vendía en el paseo marítimo. “Rara era la semana que no rescataba a algún submarinista o algún bañista. La gente se confía y todo el litoral de Arucas es muy peligroso. Está repleto de acantilados. Al final dedicaba más tiempo a pescar hombres que peces y empezaron a llamarme Sandokán por mi aspecto físico y por las aventuras de los libros”, cuenta orgulloso Manuel mientras se acaricia su poblada barba.

“En cuanto recibimos un aviso de ayuda movilizamos todos los medios que tenemos: desde Salvamento Marítimo a Cruz Roja, pero el primero que llega siempre es Sandokán. Si la zona a la que vamos es de difícil acceso, él es el primero en entrar, si se hace de noche y hay que suspender la búsqueda, él es el ultimo en marcharse”, comenta un sargento de la Guardia Civil. “El barco que tiene actualmente se lo regaló el Ayuntamiento, y bajo su nombre figura ‘Servicio de salvamento’. Es un miembro más del personal de rescate, en cuanto se activa un servicio, se le avisa a él también”, aseguran desde el Consistorio. “Yo le he visto sumergirse a pulmón libre hasta diez metros de profundidad”, recuerda Ángel, de Cruz Roja.

Una calle con su nombre
Pero si algo le duele a Manuel es rescatar a alguien sin vida. “Pienso en su familia esperando noticias y me duele verles sufrir. Hace unos meses rescaté el cadáver de un buen amigo, Miguel. Llevaba tres días desesperada. El único consuelo de la familia era que apareciera su cuerpo, y yo se lo devolví”, comenta este hombre-pez al que la modestia le lleva a obviar que en la búsqueda participaron más de una veintena de efectivos, así como varios barcos e incluso un helicóptero.

Publicidad - Sigue leyendo debajo

Durante todo el año es continuo el ir y venir de personas que preguntan por Sandokán. Unos son agradecidos que le obsequian con una televisión o un vídeo; otros, simples admiradores que prefieren regalarle pintura para su barca. “Si a un hijo mío le salvaran la vida, no podría pagarlo con todo el oro del mundo. Por eso, con un simple ‘gracias’ me vale. Más de una madre despistada o un surfero imprudente se han llevado una buena regañina de mi parte”, comenta sonriendo. Esa mar que a tantos quita la vida, a Sandokán se la da. “Yo soy como el pescado, que cuando lo sacas del mar se asfixia. Estuve una vez en Madrid y me faltaba el aire. Cogí un avión y regresé de inmediato.”

Sencillo y humilde, Manuel dice no tener miedo a casi nada. Sólo recuerda un mal día: cuando sus vecinos comenzaron a recoger firmas para que se pusiera su nombre a una calle. Hoy puede andar orgulloso por la calle Manuel Sosa Medina, Sandokán. “Yo me quedo con otros nombres: Víctor, un pescador de Las Palmas que se resbaló de unas rocas, ese surfista llamado Iker que se empeñó en coger las olas frente al acantilado o mi pequeña Amelia. Esos son los nombres importantes.” Pero las heroicidades de este hombre han traspasado lo meramente local para llegar a convertirse en una celebridad nacional. En 1991 el Ministerio de Interior le concedió la Medalla al Merito de la Protección Civil. También hace ocho años fue homenajeado por la Casa Real y hace 10 días, el Gobierno canario le otorgó la Medalla de Oro.

Se recupera de una parálisis
Ahora Sandokán se recupera en su casa, con su mujer,
Rosa, de una trombosis que le tiene parcialmente paralizado el lado derecho de
su cuerpo. “En unos meses volveré a estar sobre mi
barca, en la mar, pendiente de todos.”



¿Quieres contarnos tu historia?
Envíala al Apartado de Correos:
31042 - 28080 Madrid
o al correo electrónico:
qmd@hachette.es



Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Actualidad