Mar desnuda a su marido

Y después de quedarse con su camisa, el empresario se calentó... jugando al tenis. La cosa no pareció divertir demasiado a la ex modelo

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Guardarropa

Cuando en octubre de 2001 se casaron –para lo bueno y lo malo–, seguro que Mar Flores no pensó que también se casaba para hacer de guardarropa. El matrimonio es lo que tiene...

 

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Él, vestido

Por si esto fuera poco, parece que Javier Merino es de los que no sale de casa en pantalón corto ni estando de vacaciones en Ibiza; no, él tiene que presumir de su particular estilo sport: vaquero y su eterna camisa de rayas (en serio, ¿no tiene otra?).

 

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Cargando la ropa

Así, Mar Flores acabó cargando con sus ropas cuando se las quitó para quedarse con el pantalón corto y el polo con el que jugó a hacer de Nadal.

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¿Aburrida?

Y puede que a Merino le encante el tenis pero, a la vista de las imágenes, a su mujer no le apasiona: la pobre Mar se aburrió como una ostra y acabó largándose.

 

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Sport a rayas

Javier Merino llega en coche al club de tenis. Como parece que allí no hay vestuarios, ya podría haber llegado con su modelito para jugar, pero no: él es un señor y, además, adora su ‘eterna’ camisa a rayas...

 

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Fuera ropa

Ahí la tienen: cargando con los náuticos (que seguro han vivido tiempos mejores) y la camisa de su esposo. Ya le ha quitado
la ropa y ahora él va y se divierte por su cuenta...

 

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Momento Nadal

¿Cómo se calienta Merino cuando su mujer le desnuda? Peloteando con otro. Porque el empresario de Fortuny podrá parecerse a Mourinho, pero lo que le gustaría es ser como Nadal. Lo suyo es el tenis.

 

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Atenta

Mar estaba atenta a las evoluciones de Javier, aunque con el sol en plena cara y sentadita tan a gusto cualquiera se reprimía un sueñecito.

 

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¡Qué sopor!

Llevan casados casi doce años y, por la imagen de la modelo, tenemos claro que la chispa la mantienen en casa porque
¡vaya pinta de estar aburrida! No parecía divertirse mucho viendo jugar a su maridito.

 

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¡Taxiii!

El amor no lo puede todo. Javier jugará muy bien al tenis pero ella preferiría que le diera un máster en otra cosa. Vamos, que el mejor plan es largarse mientras él siga en la cancha. Con esa mano en alto parece pedir un taxi para huir.

 

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