Charlene y Alberto: luna de miel amarga

Se han ido a Sudáfrica... a currar. Es lo que tiene casarse por contrato y no por amor, como dice la Prensa extranjera

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Luna de hiel

Sólo dos días después de la gélida ceremonia en Mónaco, Alberto, de 55 años, y Charlene Wittstock, de 33, viajaron al país natal de la novia… pero no para dar rienda suelta a su pasión africana, sino para asistir a una reunión del Comité Olímpico Internacional. ¡Qué romántico!

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Fue un cuento

Su historia tenía todos los ingredientes para inspirar un cuento: Príncipe conoce a una bella plebeya, se enamoran, se casan y viven felices para siempre. Pero lo que hemos visto en Mónaco no es precisamente un remake moderno de La Cenicienta. ¡Más quisieran!

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Tres intentos de fuga

Se han marchado de luna de miel esperando que, de un momento a otro, aparezca alguna de las mujeres que afirman haber mantenido un affaire con Alberto, siendo ya novio de Charlene, y que dicen tener como prueba sendos nenes (unos de dos años y otro de semanas). Vamos, que serían ya cuatro los hijos de su Alteza Serenísima fuera del matrimonio.

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Intentos de irse

Cuenta la Prensa francesa que habrían sido esas infidelidades por parte de Alberto los motivos por los que Charlene habría intentado huir de la boda, no una, sino ¡hasta tres veces! Según el diario L’Express, la policía del aeropuerto de Niza frustró la fuga de Charlene e incluso le quitó el pasaporte tres días antes de la ceremonia. Le Journal du Dimanche cuenta que, en mayo, cuando voló a París para probarse su vestido de novia, la nadadora ya había intentado refugiarse en la embajada sudafricana, y a finales del mismo mes repitió la operación, esta vez aprovechando el caos del famoso premio de Fórmula 1 en Mónaco.

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Cinco años de contrato

Así las cosas, no es de extrañar que Charlene Wittstock luciera esa cara de tristeza en el que se suponía debía ser el día más feliz de su vida. Según la Prensa gala, comparecía para el ‘sí’ obligada por el contrato firmado con Alberto, por el que se compromete a no pedir el divorcio antes de cinco años y a darle un heredero válido (un niño nacido en el seno del matrimonio).

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Un frío beso

Ciertamente, la boda resultó fría. Alberto ni siquiera se mostró deslumbrado por la belleza de la novia, radiante con un Armani que le quedaba como un guante. Ni sonrisas ni una mirada cómplice entre ambos. Por decepcionar, decepcionó hasta el beso que se dieron ya casados por la Iglesia: corto y con él mirando de reojillo.

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Las hermanas se lo pasaron bien

Cuando acabó la boda, las únicas que de verdad sonreían eran las hermanas del novio: Carolina, que con el ‘sí, quiero’ quedaba definitivamente liberada de su papel de primera dama de Mónaco, lanzó un besó a su hermano. A su lado, Estefanía la miraba sorprendida de que, al fin, la mujer seria se relajara. ¿La novia? Lloró cuando salía de la Iglesia. Oficialmente, de emoción. Oficialmente...

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¿Lágrimas por los hijos?

Tres días antes de casarse
saltaron las alarmas. Según
la Prensa francesa, Alberto tendría dos hijos ilegítimos más (además de los dos reconocidos, Jazmin y Alexandre, en las fotos). Uno de ellos, nacido hace dos años, y el otro, apenas dos semanas antes de la boda. Por eso Charlene intentó huir antes de la boda y dicen que le ha pedido a su ya marido que se haga las pruebas de paternidad.

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Una boda patrocinada

La boda del día 2 fue patrocinada por cuatro marcas de lujo, entre ellas, una de champán. El día 5 los novios ya estaban en Sudáfrica de ‘luna de miel’. Charlene y Alberto asistieron a una reunión del COI.

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