GH 12: Laura y Marcelo nos enseñan su casa

Seis meses de relación y viven juntos en un chalecito cerca de Málaga. ¡Si ya hasta hablan de boda!

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Están viviendo la etapa más feliz de sus vidas

No pueden negarlo. Ella tiene ese brillo especial en la mirada, y él, el gesto inconfundible de un hombre enamorado. Hace unas semanas estrenaron su nuevo nido de amor –un chalecito a 15 minutos de Málaga– y, claro, a Laura no se le borra la sonrisa.

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Disfrutan de un gran año

Con 27 años y a punto de recibir en plena crisis los 300.000 euros que ganó en GH12, ahora disfruta de su pequeño gran hombre las 24 horas del día. ¿Qué más puede pedir? Además, Marcelo, con 21 años, lo está aprendiendo todo junto a ella. “Hasta a cocinar, si hace falta”, dice.

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A vivir juntos

¿Quién planteó la idea de vivir juntos?
Laura: Para variar, fui yo (risas). Decidí venirme para Málaga porque nos estábamos dejando un pastón con tanto viaje. Pero tampoco es definitivo. De momento, viviremos juntos estos meses de verano.

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Alquilan la casa

¿Cómo surgió la oportunidad de alquilar la casa?
Marcelo: Mi hermano ahora está soltero y la casa se le quedaba grande. Como nosotros buscábamos algo parecido cerca de la playa, qué mejor que alquilársela a él, ¿no? Además, es tan bonita...

¿Seguro que esta convivencia va a ser temporal?
L. Sí, sí, sólo el verano.  
M. Es que Laura está pendiente de su trabajo en Madrid. Cuando se le acabe la excedencia, tendrá que incorporarse.

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Momentos románticos

Cuando llegue ese momento, Marcelo, lo vas a pasar fatal...
M. Sí, tanto, que no descarto irme este invierno a vivir a Madrid. Allí hay muchas universidades donde puedo matricularme y acabar Historia.

¿Cuál ha sido el momento más romántico que habéis vivido aquí, te cogió en brazos para cruzar el umbral de la puerta, Laura?
L. ¡Qué va! Pero vivimos momentos muy íntimos y bonitos. Estamos de maravilla.
M. Juntos siempre estamos genial. Además tenemos una casa superchula, la playa a cinco minutos, es una zona tranquila, pero bien comunicada... Todo es perfecto.

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Obligaciones

Sí, pero el amor también tiene sus obligaciones. ¿Cómo os repartís las tareas de la casa?
L. La compra la hacemos juntos, pero de la cocina me encargo yo. A veces me echa una manilla pelando patatas y cosas sencillas, pero cocinar, no cocina.

Entonces, Marcelo, tú te encargas de la limpieza.

M. Ummm...

L. ¡Ja! Soy yo la que limpio.

M. Bueno, a veces te ayudo...

L. Ya, ya, tú no haces nada.

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Ponerse las pilas

Creo que te vas a tener que ponerte las pilas, Marcelo.

M. Es que llevamos poco tiempo, pero ya estoy cogiendo el ritmo, de verdad.
Anda, échale un piropo, que la niña se lo merece.

M. Laura es guapísima, divertida, es muy ordenadita, lo tiene todo siempre recogido y es una cocinera excelente. El otro día hizo unas patatas con bacon, nata y queso que estaban de auténtico lujo.

¿Sois sanos a la hora de hacer la compra?

M. No mucho, yo no como muy sano. Reconozco que me encanta la fritanga.

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De celebración

El pasado 3 de mayo celebraron sus primeros cinco meses de relación. Ninguno de los dos puede olvidar aquel primer beso que se dieron en la Casa de Guadalix, aunque para Marcelo aquello no fuera más que “un amor de verano” en pleno invierno. De hecho, nada más salir del concurso él le dejó muy claro que entre ellos sólo habría amistad.

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Son jóvenes

¡Qué inocente! Recién cumplidos los 21, el Malaguita todavía no era capaz de calcular el poder de convicción que puede llegar a tener una mujer cuando sabe lo que quiere.

 

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La vida de Marcelo con Laura

Marcelo, ¿nunca pensaste que acabarías compartiendo techo con Laura?

M. Imposible. Aunque me lo hubiesen jurado, no me lo habría creído. Sin embargo, fue salir de GH y empezar a sentir que la necesitaba cerca todos los días.

Laura, tú sin embargo siempre apostaste por él.
L. Sí, y ¡lo he conseguido! Estoy feliz de estar aquí junto a él. Lógicamente echo de menos a mi familia y a mi gente, pero por eso intento subir a Madrid cada quince días.

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Sus padres, bien

¿Cómo se lo han tomado tus padres?
No me han dicho nada. Sé que a mi madre le ha dado mucha pena porque soy la pequeña, la niña de sus ojos. Estoy tan unida a ella, que hablamos por teléfono dos y tres veces al día. Seguro que pronto vienen a vernos.

¿También tu padre, con lo estricto que parecía?

L. Sí. Él ha asumido por fin que Marcelo es mi novio. Es lo que hay.

M. Como vivimos tan cerca de ellos, mis padres están muy pendientes, son muy serviciales. Nos llaman todos los días, nos invitan a comer, nos preguntan si necesitamos algo... A ellos les gustaría que estuviéramos todo el día en su casa, pero también nos dejan nuestro espacio.
L. Sus padres son un encanto. Me tratan como a una hija más.
Tan felices, en esta casa tan linda, cerca del mar... Parece que estáis de vacaciones...

L. Sí, es cierto. Somos unos privilegiados. Tenemos que aprovechar a tope esta época. Quitando los fines de semana, que cada uno viaja a un sitio a hacer sus bolos, el resto de la semana vivimos como si estuviéramos de vacaciones. ¡Una gozada!

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La rutina

¿Cuál es vuestra rutina, a qué hora os levantáis?
L. ¡Bufff!, amanecemos tarde, a las doce o la una, porque hemos cogido la costumbre de acostarnos a las mil.
M. Yo me levanto un poco antes porque voy al gimnasio, ¿no se me nota?

¿Y después qué hacéis?
M. Desayunamos sin prisas y yo me voy a hacer deporte.
L. Claro, y yo me quedo haciendo la cama y recogiendo la casa. La verdad es que parezco una maruja. Después, cuando llega, vemos un poco la tele y hacemos la comida.

 

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La vida en común

Y luego, ¿dormís la siesta?
L. A veces nos quedamos fritos en el sofá viendo un programa; otras, nos vamos a Málaga a dar una vuelta o hacemos alguna excursión o bajamos a la playa.
¡Qué vidorra! ¿Qué otras cosas hacéis juntos?
L. Yo le he propuesto salir a correr por las noches a la playa, pero él no quiere.
M. Es que yo hago deporte por las mañanas.
Cuando veis la tele, ¿hay guerra de mandos?
L. A mí me gustan los programas de majureo, lo confieso:  soy una maruja.
M. Yo prefiero el fútbol, pero veo de todo. La verdad es que discutimos poco, y nunca por el mando de la televisión.
Si pincháramos un par de cámaras 24 horas al día en esta casa, ¿qué veríamos?
L. Veríais la otra cara de Laura y Marcelo, es decir, a dos chicos más tranquilos que los que conocisteis en GH, sin tantas discusiones, que son cariñosos y mucho más felices. Veríais a unos chicos muy normales, porque ahora somos muy caseros.
M. Nos queremos mucho, nos respetamos, somos felices y convivimos estupendamente.

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Se dejan aconsejar

Marcelo, ¿qué te dicen tus amigos?
M. La verdad es que mis amigos me envidian. Y lo entiendo, porque con 20 años soy independiente, tengo una casa, una novia increíble, gano dinero... A cualquiera de ellos les gustaría estar en mi lugar. ¡Ah!, y además la adoran.
Laura, ¿Marcelo es celoso?
L. Sólo cuando algún tío me mira más de la cuenta. Marcelo no es celoso, pero yo tampoco le doy motivos.
¿Y Laura?
M. Un poquillo, como todas.

 

 

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Pasando los días

Y así pasan los días en la nueva vida de Laura y Marcelo, lentos y placenteros como las tardes de verano. En la urbanización en la que viven apenas hay ruidos. Sólo se escucha el mar y a veces sus besos dulces y perezosos de sofá y hamaca. El pueblo Rincón de la Victoria –qué nombre tan apropiado para estos dos triunfadores– pronto recibirá a los veraneantes.

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¿Cambio de planes?

Mientras, Laura y Marcelo parecen ser sus únicos habitantes porque todo les sobra... hasta que llegue el otoño. Entonces cambiarán de planes.

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Adiós a la fama

¿Qué haréis cuando la fama se acabe?
L. Ojalá me llamen de Airbus para entrar en plantilla. Es un trabajo seguro que no pienso dejar pasar.
M. Y yo, acabar la carrera aunque sea en Madrid.

¿Qué estáis haciendo con el dinero de los bolos?
L. Con la casa de Madrid tengo doble gasto, pero estoy ahorrando. Quiero invertirlo.
M. Le he dicho que compre oro, pero se ríe de mí.

¿Habéis pensado en algún negocio juntos?M. Sí, no estaría mal montar un pub: El Pub de los Totis.

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¿Y la boda?

¿Y en boda?

L. De momento, estamos bien así, pero a mí me gustaría vestirme de blanco algún día.

M. No sé… Yo nunca he creído en eso y, además, no soy católico, no estoy bautizado. Sin embargo, he cambiado tanto desde que la conozco, que haré lo que haga falta por estar con ella. He apostado muy fuerte por esta relación.

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